El estigma de una sofista es ser la mujer, la amante, la madre, la hija de un hombre famoso, la que se recuesta en su poder para gozar de algún privilegio. Los prejuicios hacen que las mujeres sean consideradas como aquellas que siguen o acompañan a un hombre, porque su capacidad de pensar y crear no ha sido suficientemente reconocida; otras tantas veces esas mujeres han sido y son castigadas por atreverse a emanciparse de la tutela del varón. Los motivos que han llevado a negar la identidad de las mujeres, su autonomía, su presencia como ser-en-el-mundo sirvieron para arrojarlas durante siglos al olvido.
Hubo un poder que obligó a las mujeres a vestirse como hombres para ingresar al mundo pero también existe un contrapoder que motiva a los hombres a vestirse como mujeres, a ponerse el vestido. De ese contrapoder ha surgido una forma nueva de experimentar el género femenino y mirar la vida desde un lugar inédito, asombroso, para autopercibirse libre como las sofistas.






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