En un anticuario de París pude ver estas estatuillas de porcelana japonesa. Ellas me recordaron tres cuestiones fundamentales que hacen a este libro.
Una es la relación entre lo antiguo y lo moderno, lo actual e inactual que se mezclan indefectiblemente en el trayecto de la historia de la filosofía.
Filosofar es ingresar a una casa de antigüedades que siguen vivas y vigentes en el presente.
Otra es el arte japonés llamado Shibumi que significa comprensión más que conocimiento, es la elegante simplicidad y la brevedad articulada, la belleza de lo simple.
Por último el deseo por lo que no se posee. No podía adquirir esas figuras de porcelana, tan antiguas, tan bellas, tan simples; la filosofía es ese deseo por lo que se alcanza siempre de manera precaria y en esa precariedad amamos lo que hacemos.
La imagen de ese instante ante la vidriera de un anticuario es lo que representan estas aguafuertes filosóficas.







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